El blog de Teatro en Madrid

La semana pasada comenzaron las funciones de ‘Piaf, voz y delirio’ en el Teatro Fígaro de Madrid. Esta novedad en la cartelera teatral madrileña está sorprendiendo y gustando por partes iguales, pero de todas las funciones destacamos la del viernes 8 de junio. 100 invitados de la ‘Fundación Mensajeros de la Paz’, fundada por el Padre Ángel, pudieron ver el espectáculo. Porque es importante tener un techo donde dormir, sin duda, pero también es necesario que el ser humano pueda evadirse, conversar y disfrutar.

Entrevistamos al Padre Ángel tras la experiencia.

100 personas acogidas por ‘Mensajeros de la paz’ han visto la obra musical ‘Piaf, voz y delirio’. ¿Qué ha significado para ellos (un sector desfavorecido de la sociedad) poder disfrutar de uno de los espectáculos más bellos de la cartelera teatral madrileña actual?

En Mensajeros de la Paz apostamos por cuidar de las personas. Eso significa no sólo darles lo básico, lo que cubre su alimentación o lo que no puede esperar, como la salud, sino elevar la ambición y ofrecer también actividades de cultura. Porque sólo cuando salimos de nuestros problemas y nos metemos en los de otros, entendemos mejor el valor de nuestra vida. Por eso la cultura, el teatro, son tan importantes. Creo que para ellos ha significado una inyección de bienestar e incluso de calma.

¿Qué han descubierto que les haya sorprendido?

Muchos hicieron comentarios sobre la caracterización de la intérprete, que es impresionante. Y en cuanto a la historia, coincidieron en haberse sorprendido al descubrir lo trágica que fue su vida. Yo mismo, al escucharla, nunca me había imaginado la dureza que puede esconderse, inaudible, tras la dulzura de una voz tan conocida.

¿Algún comentario destacable por parte de las personas que le acompañaron?

Una persona que duerme en un albergue y acude durante el día a San Antón, dijo que parecía como si cantar fuese el alivio a los problemas para Piaf, igual que para él muchas veces lo había sido la bebida. Pero que cantar es sano y da una alegría permanente, mientras que otras satisfacciones se desvanecen rápido y nos perjudican…

¿Qué subraya de la experiencia vivida por las personas de la Fundación en el Teatro Fígaro?

Es un teatro magnífico y curiosamente muy cercano a una de las plazas donde muchos de ellos tratan de sobrevivir a las penurias del día, porque en ella hay unos baños públicos. Por eso creo que ha sido una experiencia única, que les ha hecho sentirse dentro de esa sociedad que puede ir a los teatros.

La infancia desdichada de Edith Piaf puede servir de ejemplo sobre cómo sobreponerse a la adversidad, ¿qué reflexión encuentra sobre la cantante francesa tras ver la obra musical sobre su vida?

Que el talento suele ser terco y no apagarse, incluso aunque uno sufra extremadamente y se vea mendigando, prostituyéndose… Que lo mismo pasa con la bondad, que permanece en nosotros aunque la vida nos dé golpes tan terribles como el de perder a un hijo. De Edith también se aprende a agradecer profundamente los reconocimientos (como cuando, en sus etapas de éxitos, siempre recordó cuidar a quienes trabajaban con ella) y a ayudar a los demás hasta quedarte sin nada propio (como cuando contribuyó a la libertad de muchos judíos que huían de los nazis).

Disfrutar de la cultura y de la evasión que provoca lo que sucede encima de un escenario también ayuda a repartir paz entre los que llenan el patio de butacas, ¿no cree?

Por supuesto. De hecho, he empezado por ahí. El caso es que a veces pensamos que lo de ir al teatro es algo secundario, e incluso hay quien piensa que es una frivolidad por parte de una ONG que tendría que centrarse en dar un techo o una cesta de alimentos… Urgente, claro que es. ¿Pero más importante? Lo importante es que las personas se sientan personas, y no muebles. Que tengamos con quién hablar. Que tengamos lo que hacer, lo que pensar y lo que sentir. Que alguien nos quiera, haga cosas con nosotros y se preocupe de nuestro ánimo.

Usted que está siempre entregado a cada causa de la que puede hacerse cargo, ¿cree que hay suficiente empatía actualmente con los que más ayuda necesitan o todavía queda mucho por hacer?

Italia no ha querido ayudar a un barco lleno de refugiados. Está claro que no hay suficiente empatía. Que, desde nuestra comodidad, a menudo somos indiferentes a las crudas situaciones de otras personas, que sin embargo por dignidad humana tienen exactamente los mismos derechos que nosotros. Queda mucho por hacer en nuestros mares y queda mucho por hacer en nuestras calles, donde tampoco luchamos por los que duermen en el suelo.

¿Cuáles son sus próximos proyectos para llevar paz?

Poder crecer y, a partir de la iglesia de San Antón, poder abrir proyectos formativos que ofrezcan posibilidades de reinserción laboral a las personas que han pasado temporadas, a veces demasiado largas, viviendo en la calle. No somos conscientes de la enorme ayuda que necesitan: un techo, un trabajo, comida, pagar facturas, un dentista, un abogado…

Sobre todo, mi proyecto continúa siendo ofrecer nuestra escucha, que no necesita donaciones ni financiación institucional para mantenerse y que a veces alivia la soledad.

¡Y nosotros le deseamos suerte en todas sus iniciativas!

Categorías: MUSICALES, NOTICIAS

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